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jueves, 31 de julio de 2014

¿Correr en la cinta o en la calle?


¿Qué es mejor, correr en una cinta o salir a la calle? Para dar respuesta a esta pregunta debemos hacer un análisis de los pros y los contras de cada medio.

La primera cinta de correr fue inventada por el Doctor Robert Bruce Wayne en la Universidad de Washington en 1952, para diagnosticar enfermedades de corazón y pulmón. Las cintas de correr entraron en los gimnasios gracias a la aceptación de las personas interesadas por el deporte in la salud y cada día tienes más adeptos.


Correr en una cinta tiene muchas ventajas como la reducción de impactos sobre las articulaciones. También permite correr en el interior sin tener en cuenta las adversidades climatológicas, que tanto en invierno como en verano se producen y frenan a mucha gente a calzarse las zapatillas y salir a la calle a entrenar. Además, son aparatos de muy fácil manejo y con prestaciones avanzadas de monitorización del ritmo cardiaco, variación de la velocidad y la pendiente, así como programas ajustables al objetivo de cada persona. Algunas integran sofisticados monitores donde puedes navegar por internet, ver la televisión o escuchar la radio.

Se trata de una solución para aquellas personas que no tienen el tiempo suficiente o los horarios adecuados para poder salir, o simplemente han encotrado el placer por entrenar en interior.

Pero todo no van a ser bondades, existen diferencias sustanciales entre correr entre cuatro paredes con una ventilación artificial y salir a disfrutar del aire libre. En el plano psicológico se hace mucho más dura una sesión en cinta. Pensemos que la acción de correr tiene como fin desplazarnos, avanzar, huir... y sobre el tapiz  es el suelo el que pasa bajo nuestros pies, teniendo un entorno fijo que hace que el paso de los minutos se perciba de una manera más lenta.

Quien entrena in-door refuerza mucho la mente, pero ¿biomecánicamente se trabaja igual?

Dejemos claro que existen diferencias biomecánicas en la carrera a pie en la calle y la carrera sobre una cinta. Principalmente podemos nombrar:
  • La frecuencia de zancada.
  • El tiempo de apoyo
  • La cinemática del centro de gravedad
  • La inclinación del cuerpo
  • La cinemática del tobillo, rodilla y cadera
  • La percepción de la velocidad
  • La velocidad de transición marcha/carrera
  • Las velocidades máximas
  • La actividad muscular
  • El coste energético
  • La presión plantar


Hablemos un poco de la cinemática de la carrera. Cuando corremos por la calle las piernas tienen el objetivo de buscar una propulsión para hacernos avanzar hacia adelante, propulsando nuestro centro de gravedad, en cambio cuando corremos sobre una cinta, al ser la “banda” la que se mueve nosotros no necesitaríamos ejercer esa fuerza de propulsión y el papel de las piernas será el de mantener la estabilidad. Esto se puede observar analizando el simple movimiento de triple extensión de tobillo-rodilla-cadera que se da durante la carrera a pie y como en la cinta este movimiento se hace mucho más fácil.
Nuestros músculos isquiotibiales son los encargados de generar esa tracción necesaria para que nuestro centro de gravedad se vea propulsado hacia adelante en la carrera a pie, pero en la cinta estos músculos estarán menos solicitados ya que el movimiento de esta nos ayudaría a avanzar. Esto viene paralelo a la reducción de la fase del apoyo plantar, en donde la amortiguación del impacto se reduce. Nuestra musculatura extensora (isquiotibiales) tendrán una menor demanda.
Esta modificación hace que la cinta sea un aparato ideal para conseguir mejorar nuestra frecuencia de zancada, pero perjudicial para aquellos que quieren mejorar la longitud de la misma. Muchos deportistas que corren en cinta habitualmente tienen una frecuencia de zancada elevada pero una longitud de zancada baja. Así mismo estos tienen un mayor riesgo de descompensación ya que la musculatura anterior estará mucho más solicitada que la posterior, aumentando el riesgo de lesiones de rodilla. Claramente esto sería un punto negativo, pero si por ejemplo lo aplicamos a atletas que acaban de salir de una lesión este puede ser una aparato ideal por producir un menor impacto articular comparado con la carrera por la calle. En nuestra opinión si estamos hablando de un atleta la cinta debe utilizarse en un comienzo pero posteriormente salir a la calle que será donde vaya a competir y si abusamos mucho de la cinta estaremos incidiendo en su técnica de carrera, aumentando su frecuencia de zancada y disminuyendo la amplitud de la misma, cosa que no nos interesa.
Está demostrado que la carrera en cinta provoca una disminución de las presiones máximas, especialmente en la zona del talón y primer dedo, por otro lado se incrementarían las presiones en la zona plantar, fundamentalmente arco plantar y 2º y 5º dedo. Así mismo coincidiendo con los resultados de Escamilla Martinez (2011) se encuentra un incremento en la presión máxima de la zona interna del arco del pie comparado con la zona externa cuando se incrementa la velocidad, que puede ser debido a que en esta superficie realizamos un apoyo más plano que corriendo por fuera, provocando esa mayor sobrecarga del medio pie.
Como ya hemos comentado, las principales diferencias biomecánicas en la técnica de carrera entre las dos prácticas se dan principalmente en la fase de contacto inicial y de impulso, pero si observamos un poco más podemos observar que la musculatura tibial sufre más que en la carrera a pie por el simple hecho de tener que elevar el antepie y superar la cinta, sin la tracción que se da en el asfalto.
La cinta es un instrumento muy utilizado en investigación, así como en ambiente recreacional, pero le debemos hacer un hueco en el campo rehabilitador, aunque dependiendo de la lesión ya que habrá músculos y zonas que tengan mayor implicación durante la carrera en cinta. En cambio si lo queremos incluir como actividad para perder peso, recomendamos correr en la calle, ya que la simple resistencia al viento incrementa el consumo calórico en un 10%. Si a esto le sumamos que la menor implicación muscular encima de una cinta será lógicamente resultado de un menor consumo de oxígeno y gasto energético (aproximadamente un 5%).
Una alternativa, es la que todo monitor de gimnasio debe recomendar a los usuarios, intentar incrementar la pendiente en 1-2º para así implicar más la musculatura posterior y tener que realizar una mayor tracción para propulsarnos.
Parece ser que la carrera sobre suelo puede generar un mayor riesgo de lesión para el deportista, pero eso no debe ser tomado al pie de la letra y comenzar a correr siempre encima de una cinta ya que el desequilibrio de la musculatura posterior es igual de peligroso que los impactos repetitivos contra el terreno. Dependiendo de nuestro fin debemos hacer la elección correcta, si nuestro objetivo es rendir en pruebas de carrera al aire libre, debemos evitar entrenar continuamente sobre una cinta ya que todas las diferencias que antes hemos nombrado se pondrán en tu contra en el momento que tengas que competir. Ahora bien, si lo único que queremos es correr recreacionalmente y con el fin de “quemar calorías” puede que no sea tan mala idea.
En conclusión, la cinta de correr es una buena herramienta dependiendo del objetivo que uno tenga. Esperamos que con los datos expuestos puedas determinar cuál es la forma de correr que mejor te viene.

Nos vemos fuera con ESENCIA.